El poeta Luis Cernuda se preguntaba cuántos siglos cabían en las horas de un niño. Compré su libro Ocnos en una Feria del Libro de Sevilla cuándo aún llevaba, guardado en los bolsillos de mi pantalón corto, todo el tiempo del mundo. Una edición pequeñita que tenía la hechura de mis dedos, un frasco lleno de esencias que aún me impregna. Debió ser a finales de los años sesenta cuando yo jugaba a alcanzar el cielo de Sevilla detrás de una pelota de minibasket. Una tarde, después de entrenar, bajé del microbús una parada antes de lo previsto. En la plaza Nueva se levantaban una veintena de casetas llenas de libros, que recorrí con la ansiedad de quien busca un tesoro.
Ahora, que de todo hace más de veinte años, Si te interesa, sigue leyendo…



